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martes, 8 de febrero de 2011

Notas sobre el perdón y la importancia de perdonar


Tener deudas emocionales tales como resentimientos, ira, y enojo hacia uno mismo y hacia otras personas añade mayor sufrimiento a las personas  y obstaculizan el logro de la calidad de vida. Quien perdona y se dispone a recibir el perdón cuenta con la posibilidad de enmendar la vida en aquellos aspectos en los que se falló. Se trata de vislumbrar la posibilidad de cambiar, y reconstruir aquellas relaciones afectadas por los resentimientos y la ira. 



Los actos de perdonar, auto-perdonarse y ser perdonados, son actos de vital importancia en la cotidianidad de todo ser humano. 
El perdón - ya sea ofrecido, recibido o auto administrado - tiene el poder simbólico de liberar, dejar ir, o soltar todos aquellos obstáculos que nos imposibilitan una vida con calidad. 

Todo ser humano puede disfrutar de los beneficios emocionales y espirituales que ofrece el perdón. 

Espiritualmente importante


La necesidad del perdón está relacionada con el logro de la paz espiritual. El perdón y la consiguiente reconciliación son puntos medulares en la espiritualidad cristiana y en el seguimiento a Jesús. 


Para vivir plenamente en paz se requiere no tener deudas emocionales pendientes, con uno mismo, o con los y las demás. Algunas personas se sienten en deuda también con Dios. 
Dios es perdonador y el mensaje del cristianismo gira en torno a esta necesidad del perdón. 

Cuando guardamos resentimientos contra nosotros mismos o contra otras personas, damos pie al sufrimiento no solo emocional, sino también espiritual. 
Perdonar y perdonarse es un acto de amor hacia los demás y hacia uno mismo. Para ejercer este acto de amor se requiere de la voluntad, de la intención de llevarlo a cabo, del cambio de actitud, y de la aceptación de sus beneficios en lo emocional y en lo espiritual. 

Para poder perdonar al otro [y a uno mismo], es preciso tener intención y decidirse a perdonarle, convencidos de las ventajas del perdón y de las desventajas del no perdón. Una vez vencido el posible bloque de la voluntad para tal paso, es preciso asumir la apuesta y el riesgo de rememorar el pasado asumiéndolo, y de encontrarse con el otro [y con uno mismo] acogiéndolo en positivo, por encima de la culpabilidad que se le atribuye.


Perdonar es acogerse a uno mismo y a los demás positivamente 



Es decir, reconocer que los conflictos con otros, con otras y con nosotros mismos nos hacen daño internamente; aceptar nuestros errores y los de las demás personas, sin menoscabo de nuestra propia dignidad como seres humanos ni de la de los demás. 
Tal vez esos conflictos han sido tan fuertes que se nos dificulta olvidar. Perdonar o perdonarse no se trata de olvidar "mágicamente" el dolor de lo sucedido, como algunas personas pudieran creer. Perdonar es ante todo reconocer que no podemos continuar más viviendo con ese dolor de no poder encontrarnos a nosotros mismos, con otros o con otras, por el antagonismo que tenemos con otras personas, o por el conflicto interno que nos produce el no perdonarnos por alguna situación dolorosa. 

Perdonar "significa, ante todo reconocer que en los conflictos nos hacemos daño mutuamente".
Con la petición de perdón por consiguiente, le solicitamos a la otra parte que nos "reconozca" a pesar de la situación. Esto significa "confesar que jamás tenemos toda la razón". 
En cuanto al autoperdón cuando nos lo concedemos, nos auto-reconocemos como seres valiosos y con dignidad a pesar del conflicto o la situación que nos lleva a sentir dolor y vergüenza ante nosotros mismos. La señal visible de autoperdonarnos y de perdonar será la paz que nos produce. 

El acto de perdón sólo es pensable como un acto personal totalitario.


El perdón no es un acto parcial. No se perdona solamente esta o aquella conducta y otras se dejan en reserva sin perdonar. Se perdona a una persona, en su totalidad. 

Dios no perdona unos pecados si y otros no, sino que perdona los pecados de los seres humanos. El perdón se destruye a si mismo cuando se realiza parcialmente. 
Quien perdona algo y algo no,  realmente no perdona y está negando el nuevo comienzo. . . . El perdón parcial mantiene preparada una posterior humillación para el culpable y quita de delante las reservas que tenga contra él únicamente para sacarlas de nuevo en el momento oportuno. 
Por otra parte, es probable que alguna conducta de otra persona nos afectó en algún momento. Sin embargo, ello no descalifica a la persona como tal, en su dignidad humana. Es necesario enfocarnos en la conducta que nos molestó y trabajar nuestros sentimientos al respecto. Esto es, no generalizar la molestia a la totalidad de la persona. Lo que se debe generalizar es el perdón cuando este es genuino, como un acto totalizador, que nos permite continuar relacionándonos. 


Necesidad vital del ser humano 


El perdonar y ser perdonados son necesidades vitales para los seres humanos. Se trata de una necesidad "ineludible . . . que puede siempre obtenerse con la oración, con tal de estar dispuesto a perdonar a otros (Mt. 6. 12-14) " No se trata de humillación y rebajamiento, sino de necesidad de la paz interior con uno mismo y con los y las demás. Más que ser humillación y rebajamiento, el perdón es necesidad y grandeza. Necesitamos permanentemente perdonar y pedir perdón. La actitud de perdonar y estar necesitado de perdón pertenece a la urdimbre de la persona humana. Querer perdonar y estar dispuestos a recibir el perdón es contar con la posibilidad de enmendar la vida, de reconstruir la propia historia, de cambiar a mejor la dinámica de las relaciones humanas. Por eso mismo el perdón es también posibilidad humana de realización. 



Jesús, modelo de perdón 


Jesús nos mostró la imagen de un Dios perdonador, restaurador de nuevas relaciones (Lc. 15. 11-32), capaz de acoger al ser humano en positivo y ofrecerle la transformación de sus días en espacios de calidad de vida. Su mensaje estuvo centrado en el perdón. Un dato significativo sorprende a quien lee los evangelios sinópticos: Jesús habla muy poco del pecado. Pero sorprende aún más que siempre habla del perdón, por ejemplo en la curación del paralítico (Mc. 2. 5-10), en la escena de la pecadora que unge los pies de Jesús (Lc. 7. 36-50). En los evangelios el perdón de los pecados se recibe como un acto de gracia de parte de Dios. Sin embargo, requiere del arrepentimiento como condición previa, y de la reparación en lo posible de la ofensa, como acción posterior. El arrepentimiento implica conversión, esto es modificar las actitudes negativas y potencializar las positivas. El perdonar "supone un movimiento, es la imagen de un ser humano que desanda el camino. Supone un cambio de orientación en toda la manera de vivir". El seguimiento a Jesús implica la disposición al cambio, al arrepentimiento y al perdón. 


El perdón: punto de partida para reconstruir relaciones 


El perdón permite la reconstrucción de relaciones. Posibilita el reencuentro y la creación de nuevos lazos allí donde dejaron de existir. Cuando el perdón es genuino, se recupera la alegría en la relación y se vuelve a celebrar el vínculo. La celebración implica lo simbólico porque simbólicamente "dejamos ir" los resentimientos. El ser humano es hacedor de símbolos. Mediante el perdón se posibilita la reconstrucción de relaciones y de los aspectos simbólicos que contienen. Las palabras más usadas en los evangelios para indicar el perdón de los pecados son "afiemi" (hacer ir, dejar ir, permitir, soltar, perdonar) y "aferis" (remisión, liberación, perdón). Cuando nos perdonamos y cuando perdonamos simbólicamente "dejamos ir" aquello que nos obstaculiza una relación de espiritualidad con nosotros mismos y con las demás personas. !Y ello produce paz! 




Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Romanos 5:8 RV1960

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